TEXTO COMPLETO PARA CATÁLOGO de MARÍA DE LOS ÁNGELES DE RUEDA

¿Qué habita las cabezas?

Hugo Arámburu | obras 1982 a 2014

¿Qué habita las cabezas? Se pregunta el artista y docente en artes plásticas Hugo Arámburu y es el título de una de sus últimas series de dibujos y técnicas mixtas. Sin  duda es un interrogante de tal potencia que nos permite enlazar su extensa producción (1982-2014) con su mirada y la mirada de los otros: nosotros. El énfasis en decir artista y docente radica en que Hugo nos ofrece una trayectoria de trabajo que va desde sus comienzos como alumno de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, con sus producciones académicas según el artista Jorge Tapia y la trasformación en el taller de pintura con las enseñanzas de Aníbal Carreño, a las diferentes etapas de experimentación y afianzamiento de sus modos de representación. Un viaje de la mirada a través de marcas de época, descubrimientos de la materia, de la forma, de las texturas, relatos fragmentarios de lo nuevo y lo arcaico, del adentro y el afuera, de vida compartida e imaginarios sociales posibles.
La representación desde Hugo es un viaje al inconsciente colectivo pero también a la contingencia del aquí y ahora en cada momento individual, familiar, social. Un tipo de figuración situada en una oscilación entre lo cercano y lo lejano, lo trivial y lo trascendental, entre el detalle magistralmente elaborado y la totalidad compositiva. La representación no tiene que ver con ese ilusionismo que aparece en este recorrido de décadas de trabajo, sino con el esfuerzo por capturar la polisemia de lo percibido y darle forma, y así desplazar lo aparente, lo verosímil a la “instrumentación del pensamiento” tal como lo caracterizó hace unas décadas Aníbal Carreño para hablar de sus pinturas de finales de los años 80. Transfigurando lo “real” pone en marcha el tránsito de la mirada, moviliza las estructuras del pensamiento al proponer una serie de situaciones visuales y micro-relatos: la cultura visual, la industria cultural, el consumo, los estereotipos de lo alto y lo bajo, del buen y el mal gusto, de los vicios y las virtudes, que nos atraviesa, modela e interpela cada día. Aculturación, violencia, consumismo, fetiches de moda, pecados capitales se entrecruzan con los mitos urbanos, la familia, la generosidad, la paciencia, el amor desde un progresivo desarrollo estilístico con una técnica minuciosa en la modulación de la línea y el color y el despliegue de las texturas: el artista genera una figuración que anda y desanda caminos desde la modernidad hasta hoy. La representación contiene los contrarios, como un dispositivo de reservas, el viaje de la mirada en esta muestra lleva esa valija, en ella algo habita y nos permite entrar por algún lugar a los relatos visuales de Hugo. La muestra está organizada en una secuencia temporal. El artista quiere mostrar el proceso formativo por lo cual hay una sala con sus trabajos como estudiante, su pasaje por las cátedras de pintura y dibujo, con los profesores Jorge Tapia, luego Aníbal Carreño y Raúl Moneta, en pintura, y las cátedras de Varela Freire, Dalla Lastra y Goiman en dibujo. En esa serie se pone en evidencia, como ya dijimos su técnica minuciosa en el tratamiento de las texturas, las armonías clásicas, la fidelidad a un paradigma académico. Pero también se advierte, y ahí aparece la intención didáctica de Hugo con esta exhibición, el pasaje hacia un estilo personal, el diálogo con otra poética e ideología plástica a través de sus maestros de mediados de los años 80. Esto se puede observar en sus pinturas de 1986, en las que el cromatismo se intensifica, se vuelca a una figuración mixta, aparece el ornamento, algunos plenos vinculados a una imagen más pop, afichística, los juegos retóricos convocan ciertas marcas como las repeticiones, acumulaciones y oposiciones icónicas y simbólicas. La cotidianidad puede mostrar sus grietas, como en la serie Juego de Niños de 1985, a través de un clima ciertamente perverso en los gestos de los niños y algún motivo en fondo. O las ambivalencias frente al choque de culturas en De ahí tampoco somos, de 1986, pintura en la que Hugo utiliza el recurso de la máscara y el artificio en los rostros para develar, con cierto bagaje expresionista las contradicciones de los procesos de aculturación. Me interesa destacar que en esos años se leía y discutía, al menos en la Facultad de Bellas Artes de La Plata, América Profunda de Rodolfo Kush, Sobre la cultura y el arte popular de Adolfo Colombres, como también fue un momento de retornos neofigurativos, americanistas, vinculados a las búsquedas de la nueva imagen y la posmodernidad, como a otros relatos no visibilizados que irrumpen en la escena de época. Ese contexto permite el juego y el humor de Hugo al plantear algunas temáticas, siempre con algún rasgo de ambivalencia, como por ejemplo en Descubiertos, donde aparece el concepto del star system de la cultura visual, las sacralizaciones y desacralizaciones de las imágenes de civilización, los estereotipos de una estética hibridada. En 1990 Hugo forma el Grupo Prisma junto a Magdalena Catoggio y Nora Nadalín dedicados a la producción de murales. Su imagen se profundiza en la búsqueda de una identidad desde adentro; esto coincide con el afianzamiento de sus afectos, la pareja, la familia, luego sus hijos; la maduración del joven artista se transpone a los temas y motivos de las grandes series pintadas y en la solidez de las figuras que van a presentarse en sus obras. Como partícipe de un ambiente de época en las artes de esa década, sus obras transitan ese mundo personal, lleno de códigos íntimos, los que a su vez son enlazados con símbolos y arquetipos universales. Por ejemplo la representación emblemática de la ternura y pureza maternal como tópico en Anidando de 1993, un retrato de su mujer realizado en una síntesis equilibrada de dibujo y pintura. La alusión como homenaje al simbolismo se puede notar en La Sagrada 1Familia de 1995, una postfiguración que se afirma y devela una variedad de recursos plásticos y saberes que el artista pone en funcionamiento para mostrar sus herencias y trasgresiones. La interacción entre lo sagrado y lo profano, la tensión entre la línea y el color, la destreza en la ilusión de las texturas, las variaciones de encuadre y ritmos, generan un desplazamiento del sentido entre lo cotidiano autorreferencial y lo sacro. Profundizando esa relación elabora el tríptico Ángeles caídos de 1996-97, compuesto por la representación de tres pecados capitales, la envidia, la vanidad (soberbia) y la lujuria, tres manifestaciones del exceso, con una figuración que tensiona unas breves zonas de vacíos y desmesuras de representación (piedras preciosas para la imagen central ¿el alter ego del artista?, plumas y fuego para los ángeles laterales).
La mirada y el oficio indagan los límites de lo simbólico. El acceso a ese plano está mediado por una representación ilusionista contemporánea.
La producción a partir del 2000 se intensifica, multiplica, expande en tamaño, cantidad, materiales, recursos expresivos. Como ya comentamos en la introducción Hugo produce series que transitan estados de ánimo, experiencias cotidianas, intimidades, deseos, exterioridades, pensamientos míticos, el inconsciente colectivo, las diversas problemáticas sociales, políticas, la crisis, en fin una intensa forma de mostrar los modos de vida, lo humano y lo trascendental, el infierno y el paraíso. Siempre aparecerá el sutil humor en varios tonos. Con esto quiero decir que así como se ha caracterizado su pintura como tonal, desde el punto de vista del equilibrio de los elementos plásticos, Trabajo como podemos señalar que es tonal en un sentido enunciativo en tanto ofrece una gama de  humores y sentidos siempre oscilantes. En una época escéptica y cínica como es la contemporánea, su pintura no se paraliza por la suspensión de la creencia, al contrario propone con cierta ironía recuperar, señalar, recordar. La pintura y el dibujo dejan de constituirse como un género, técnica u objeto en sí y pasan a ser mediaciones de un discurso que se pliega y despliega como en la serie de las Flores de mis Vicios adentrándose en el cambio del arte de la postcrisis en este siglo. La envidia, del 2004, un tríptico vertical pintado al óleo sobre cemento, compuesto en registro en tres niveles, la Codicia, la blasfemia y el Hurto, pone énfasis en la condición humana, la finitud, el exceso por defecto. Evocación a la mística de esa humanidad caída en una figuración a la vez potente y etérea de Willian Blake, a la síntesis espiritual y contingente del lenguaje visible. 
Casi simultáneamente trabajará con las Virtudes, resignificando en el plano de la cultura contemporánea aquella clasificación de la escolástica, llevando al plano de los avatares sociales, políticos, estéticos, esa condición de la humanidad, que cae, se pliega, se levanta, se redime en las Virtudes, pinturas que enfatizan una mirada en detalles y redes que conjugan grados de abstracción de la imagen, privilegian el color, las texturas, los detalles que se disponen en figura, generando un tejido pictórico evocativo de la estética moderna (esa prolongación de las cualidades de superficie en figura-fondo u objeto-ambiente, donde la decoración o el ornamento lejos de ser un delito se vuelven significativos), como en las Series tramadas, por ejemplo Generosidad o el Amor Casto
En sintonía con los planos cercanos y encuadres que duplican y ofrecen un juego de miradas se destaca la serie realizada sobre lo visto y experimentado en sus viajes en tren a Avellaneda, por ejemplo Poco tiempo, mucha espera, el conjunto impacta por el tamaño y el punto de vista, prima la línea y la modulación de la superficie y la propuesta oscilante de un relato en el conjunto y las secuencias en detalle. La apelación a la acumulación y la animalización forma parte de su retórica. 
Con un tratamiento más sintético, con un énfasis cromático y volviendo a ciertos procedimientos de finales de los 80 en su pintura, potenciados en una imagen que convive con la cultura visual contemporánea y los nuevos grupos urbanos surge la serie Fábulas Tribales. Esta serie despliega energía, humor, imagen próxima, juego sobre las redundancias, interpelación al sistema de la moda, espejos y rebotes en cruce. La condición discursiva de la pintura se da por una red de relaciones nunca lineal, unívoca, cerrada. Las imágenes nos cautivan, la animalización es un viejo recurso en las artes, los animales mostraban y decían aquello que los humanos no sacaban a luz por restricciones del código moral o social. El humor político, el humor social también ha animalizado las costumbres para hablar en otro tono. Estas cadenas de sentido se presentan en una aparente imagen neo pop, lo cual establece el juego con la idea de un deseo siempre presentado nunca alcanzado en los umbrales de las modas. Apariencias, modas, exceso acuden a la imagen. Una extrema cotidianeidad se cruza con la herencia de algunos dibujantes argentinos; las metáforas del exceso corporal - social aparecen en la serie de dibujos Ellas flotan y Tsunami de 2009 (obra que obtiene el quinto premio de Pintura en la Bienal de Florencia de ese año) El dibujo asume una tradición satírica y genera una trama visual con ritmos, saturaciones de línea y algunos vacíos que alteran mínimas geometrías y blancos con la apoteosis de la modulación. ¿Qué habita las cabezas? Constituye su última serie de dibujos y técnica mixta hasta la fecha (lo aclaramos por que la producción de Hugo Arámburu es excesiva como sus figuras que se salen del marco). Justamente esta serie que da el nombre a la gran muestra antológica 2014, pone en juego esta cuestión: ¿qué representaciones invaden los sueños del artista? ¿Qué se atreve a traducir en las formas pictóricas y en las líneas? ¿Qué habita en las cabezas de los espectadores? Hugo utiliza un sistema integrador, un tipo de montaje que anida en lo clásico y lo contemporáneo.
“Lo que entonces resulta interesante en el arte es la espontánea capacidad de los artistas para hacernos ver su forma de ver el mundo: no como si el cuadro fuera una ventana sino más bien como si nos diera el mundo” dice Danto en la Transfiguración del lugar común, en el caso de Hugo Arámburu podemos pensar que la espontaneidad está impregnada de una sutil ironía y los que nos da es un sistema de creencias y sospechas del mundo desde las imágenes.











María de los Ángeles de Rueda

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